Sebastian 的个人资料ellipsis日志列表 工具 帮助
8月19日

Crowd

ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooonadieexperimentarealmentelahumanidadhastaqueusaeltransportepúblicoenhorapicoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
8月7日

RAW//195 es 132

Amarte es como
amar la lluvia:
ajena fluyes de mi,
 
incierta como
ilusión que rechaza
inviernos reales,
 
encanto raro
el de la inspiración que
enc
arna en rulos.
8月4日

RAW//Asesinos de palabras

El concepto de una carta muerta es simple. Se empieza por un trozo de papel (virtual o de arbol muerto, queda a elección propia), y uno se larga a escribirle al destinatario que ocupa/atormenta con insistencia los pensamientos. Nada debe quedar en el tintero (real o virtual, cuidado con derramarlo y ensuciar el escritorio). Es necesario exponer, de la forma mas clara posible, lo que siente uno, por qué piensa que esto es así y qué opina al respecto. Debe fluir con naturalidad, sin medias verdades ni disfraces bonitos. Aunque sí se permite algo de estilo, para no quedar con la sensación de haber escrito una monografía para la universidad. Pero nada que distraiga demasiado del asunto en sí. Cuando no haya más palabras o se llegue a un punto muerto, es hora de terminarla. Se firma, nombre completo y fecha. Y se la archiva en el lugar más remoto e imposible de encontrar para cualquiera salvo uno mismo (lo mejor sería que ni uno mismo tuviese acceso, pero tampoco vale destruirla así que nos vamos quedando sin opciones). Esta carta nunca llegará a su destinatario. Aquél o aquella nunca llegará a leer lo que tanto esfuerzo pusimos en expresar. Esta es la parte mas difícil, créase o no: si la carta ha quedado redondeada y pulida, vamos a sentir la tentacion de compartirla. Es lo peor que podríamos hacer. Atenta contra la propia esencia de la carta muerta. De proceder, estaríamos cometiendo el más atroz de los horrores, jugando a ser necrotratantes con cadáveres familiares robados de su merecido reposo. Debemos apartarla de nosotros, así como a estos insalubres deseos de autodestrucción, y archivarla. Algun día la sacaremos y releeremos, quizás retoquemos alguna expresión. Y de vuelta al archivo. Es un destino jodido el de la carta muerta. Pero loable. Asi como el confesor absoluto se revela ante los fieles postrados en un cuartito oscuro bajo el techo de alguna catedral católica, otros preferimos formas mas directas de hablar con nadie. Somos voxicidas.